viernes, 20 de agosto de 2010

Vida.

Tan sólo me hace seguir la fuerza del segundo que pasa llevándome al siguiente, la dulce combustión del tiempo haciéndose añicos para volver a nacer. El amargo latir que me rodea gritando auxilio, estirando las manos, sintiéndose cerca. Sintiéndola cerca, oliendo su piel, alimentando su locura y drogándola con libertad... Sintiéndome cerca. La esperanza de un tic tac que al quemarse me acerca más a ella, lamiéndome el cuerpo, mordiéndome el alma y sintiéndonos cerca. Tan sólo me hace seguir el excitante susurro de la muerte en mis oídos, acompañada de un reloj, eterno e imparable, inservible. Llevándome lejos...

viernes, 6 de agosto de 2010

Febrero.

"La verdad es que no nací cómo en esas historias y cuentos de viejos con pipa, ni playas lejanas ni fases lunares extrañas, sólo uno más, cómo otro cualquiera y sin un destino más allá del de vivir entre todas estas mentes y almas tan distintas, tan distantes... Tan enfermas. Y sin embargo aquí estoy, ciudadano de un mundo terminal en su último paseo. Éste, querido lector, es mi legado.

Ángel, 22/2/08"

La gente cómo yo, es decir... El porcentaje masculino de nuestra amada población humana se define entre otras muchas cosas por el curioso hecho de que una parte de nuestro cuerpo se levanta poco antes de que nuestro consciente releve al subconsciente por la mañana. Es en parte un privilegio y en parte una putada porque yo, aquel 23 de febrero del 2010 me levanté considerablemente resacoso y empalmado, potente mezcla. Me estaba encendiendo un cigarro en el nido de amor de mi tío cuándo sonó el timbre, me levanté en calzoncillos y abrí la puerta del cuarto intentando despegar las pestañas del ojo izquierdo. Lo poco que ví antes de llegar al recibidor fué algo así cómo bragas y calzoncillos y una especie de amorfo ser formado por lo que parecían ser mi tío y su amada princesa de puticlub tirados en el sofá. Llegué al recibidor con el cigarro colgando y pegado de los labios y metí mi ojo recien liberado en la mirilla.

- ¡Abre, perra en celo colocada! - dijo un tipo delgaducho que mi ojo miope no acababa de reconocer entrando en la casa con lo que parecía ser una especie de instrumento musical colgado de la espalda - Llevamos una puta media hora tocándote...
- ¿Hay más? - dije con una voz lastimera que la resaca camuflaba poniéndole el color de un Kutxi Romero recién levantado - ¡Ostia, Sanses! ¡Sanses! Mi tío está en bolas ahí en medio.
- Tranquilo, que sólo me pones tú - dijo mientras entraba seguido de una camada de 4 personas mucho más acabadas que yo que formaban lo que llamábamos la Pipa, un amago de grupo musical con muchas ganas y poco futuro.

Ese Martes quise pegarme un tiro, ya fuera por que habían pasado dos ninfas por delante mío en calzoncillos con Charlie en todo su esplendor y tan siquiera me miraron o por que el último que entró en la casa fue un colgado con gafas de culo de vaso y un cartón en la boca que me saludó dándole un cariñoso mimo a mi pequeño. Saqué a mi tío y a su princesa del sofá a la vez que me preparaba un café que sólo yo soy capaz de ingerir y abría las ventanas para menguar el efecto submarino en el que poco a poco se convertía el comedor-cuarto de baño de mi casa por obra de los queridísimos miembros de La Pipa.

- A ver colegas... ¿Se puede saber por qué coño me levantais a estas horas? - dije observando al Pepet, el tipo delgaducho del bajo colgando.
- Es martes cacho imbécil - me dijo con su actitud borde que tanto me hacía quererle - A ver si adivinas... ¿Que hay los martes?
- No sé que hay los martes pero ayer por culpa tuya llegué a mi casa flotando - le reproché recordando el último chupito de la noche y su carilla riendo.
- Bueno, quien dice culpa suya dice por culpa del duendecillo que perseguías ayer - dijo Lu, una de las ninfas que habían hecho caso omiso a mi preciosidad y que en ese preciso instante se partían en mi cara con el resto del grupo.
- Iros todos a tomar por culo... - dije haciéndome el ofendido yendo a buscar la guitarra.

A veces las personas tendemos a complicarnos la vida para hacer más interesante la mediocridad de nuestro día a día, nos montamos aventuras que no existen y fantaseamos con amores y drogas inventadas. Es triste la realidad y por eso la deformamos, supongo que aquello era lo que nos llevaba a reunirnos cada martes y jueves para tocar, para darle algo de color a nuestras vidillas en despegue, algo de esperanza...

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